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Las Columnas de Hércules.
Las Columnas de Hércules.

Las Columnas de Hércules

   Es creencia generalizada que las Columnas de Hércules, que cita Platón en los diálogos de Critias y de Timeo, estaban situadas en el estrecho de Gibraltar, pero parece ser que esto no es del todo cierto, ya que dicha denominación es una identificación tardía, debida a los fenicios, del mismo modo que las denominaciones de cordillera del Atlas en el Magreb y del propio océano Atlántico, derivan de esta identificación, así como de la imposibilidad de situar la Atlántida dentro del mar Mediterráneo con las dimensiones, evidentemente exageradas, que le atribuye Platón en sus diálogos.

   Por Columnas de Hércules conocían los antiguos a los promontorios rocosos situados al NE de la pequeña isla de Anticítera, que marcan la distancia media entre Creta y el Peloponeso. Uno de estos peñascos, conocido actualmente por los griegos como Avgo (huevo), dispone de maravillosas grutas marinas y una colonia de focas monje que la utilizan como descansadero. En el islote más grande, llamado Pori, es muy posible que se erigiera el primer santuario dedicado a Hércules, culto introducido por los fenicios en honor de su dios Melcart, aunque muy pronto identificado por los griegos como Heracles (Hércules). En dicho templo, como en todos los templos fenicios dedicados a Melcart, habría dos columnas, que seguramente, dado que el templo no sería muy grande, estarían al aire libre, destacando claramente sobre el resto del templo, el cual es muy probable que estuviera constituido únicamente por dichas columnas y un ara para los sacrificios.

   Avalan dicha aseveración, a pesar de no existir testimonios arqueológicos que lo confirmen, los siguientes hechos:

   • Por una parte, suponiendo que en los papiros egipcios a los que tuvo acceso Platón, se hiciera referencia a las Columnas de Hércules, dicha referencia sería con respecto a los citados promontorios y significaría, desde el punto de vista egipcio, que la Atlántida estaba situada al otro lado de ellos, es decir en el mar Egeo.

   • Por otra parte, parece lógico que los marinos de entonces, acostumbrados a navegar ayudados por la vista, denominaran los accidentes destacados de la costa con nombres mitológicos conocidos y, qué mejor nombre para denominar estos promontorios que el de Columnas de Hércules, en clara alusión a las columnas del templo que destacaban sobre el islote principal.

   Por último y con objeto de corroborar esta tesis, cito a continuación un pasaje de Herodoto (Halicarnaso 484 - 426 a. C.), historiador y padre de la historia que, desde el punto de vista griego y más concretamente desde el mar Egeo, refiriéndose a la forma en que los cartagineses comerciaban con cierto lugar de Libia dice textualmente:
   “En Libia, Allende las Columnas de Heracles, hay cierto lugar que se encuentra habitado; cuando arriban a este paraje, descargan sus mercancías, las dejan alineadas a lo largo de la playa y acto seguido se embarcan en sus naves y hacen señales de humo. Entonces los indígenas, al ver el humo, acuden a la orilla del mar y, sin pérdida de tiempo, dejan oro como pago de las mercancías y se alejan bastante de las mismas. Por su parte, los cartagineses desembarcan y examinan el oro y, si les parece un justo precio por las mercancías, lo cogen y se van; en cambio si no lo estiman justo, vuelven a embarcarse en sus naves y permanecen a la expectativa. Entonces los nativos, por lo general, se acercan y siguen añadiendo oro, hasta que los dejan satisfechos. Y ni unos ni otros faltan a la justicia; pues ni los cartagineses tocan el oro hasta que, a su juicio, haya igualado el valor de las mercancías, ni los indígenas tocan las mercancías antes de que los mercaderes hayan cogido el oro”.

   Es evidente por tanto que las Columnas de Hércules, a las que se refiere en este caso Herodoto, deben situarse en el mar Mediterráneo y más concretamente en un punto intermedio entre los mares Egeo y Jónico, correspondiéndose este punto con los promontorios citados anteriormente.

   Por otra parte, es más que probable que el primer santuario dedicado a Hércules estuviera situado en uno de dichos promontorios, o en su defecto en la pequeña isla de Anticítera, ya que, correlacionando el culto a Hércules con las fundaciones de los templos a él dedicados en Anticítera y en Cádiz, podemos decir que:

   • El sincretismo religioso entre griegos y fenicios fue tan grande que muchos de sus dioses, aunque con distintos nombres, eran los mismos. En el caso de Hércules, el sincretismo fue aún mayor, ya que dicho nombre llegó a sustituir al originario Melcart fenicio, aunque en algunos casos como el del Hércules gaditano, se le solía denominar Hércules Melcart, para distinguirlo del Hércules peloponésico.

   • El culto a Hércules es de origen fenicio y en efecto, los fenicios tuvieron una colonia comercial en la isla de Cítera, frente a la costa sur del Peloponeso, que sin duda fue anterior a la fundación de Cádiz. La pequeña isla de Anticítera, perdida en el mar a unos 25 km de la de Cítera, también debía estar dominada por los fenicios, los cuales vinieron a llenar el hueco dejado por el hundimiento del imperio micénico en el año 1.200 a.C., asentándose en las puertas mismas de Micenas.

   • Los fenicios solían ubicar el templo dedicado a Melcart en pequeñas islas relativamente alejadas de la colonia, donde los navegantes iban a dar gracias por la buena fortuna de la travesía. En dichos templos, sobre todo en los primeros tiempos, la víctima ofrecida en sacrificio solía ser un niño, humanizándose más tarde el rito y sacrificándose en su lugar un cordero o un cabrito.

   • El santuario dedicado en Cádiz a Hércules Melcart, llamado Heracleion, estaba ubicado en otra pequeña isla, hoy denominada Sancti Petri, situada a unos 20 km al sur de Cádiz, siendo visitado en su tiempo por personajes tan insignes como Aníbal, Amílcar Barca, Julio César, Trajano, etc. En Sancti Petri se construyó más tarde una torre de vigilancia, reconvertida con el tiempo en prisión y hoy fuera de uso, la cual destaca al norte del islote. La isla de Sancti Petri, en tiempos de los fenicios alejada de la costa, se encuentra actualmente mucho más cerca de ella, estando casi unida al continente por un banco de arena que emerge cuando baja la marea.

   • Debido a la aversión semítica por las imágenes, en los templos fenicios no había imagen alguna que representara al dios (aunque más tarde, una vez helenizados sí las hubo), había en cambio, como rasgo característico, dos pilares o columnas, que en el caso del Heracleion gaditano eran de bronce y tenían ocho codos de altura (3,25 m), semejantes a los existentes en el templo de Tiro.

   • Aunque la denominación inicial de Columnas de Hércules, para designar un accidente geográfico, corresponde a los promontorios próximos a la isla de Anticítera, no es menos cierto que algo más tarde, dicho apelativo debió aplicarse también al estrecho de Gibraltar, teniendo en ambos casos el mismo origen, es decir, las columnas existentes en el templo de Hércules.

   Más tarde se fue afianzando la denominación de Columnas de Hércules para el estrecho de Gibraltar, los fenicios incluso fundaron una colonia en la bahía de Algeciras a la que llamaron Heraclia (que posteriormente se denominó Carteya), cuyo santuario marinero dedicado a Hércules Melcart, se corresponde, casi con toda seguridad, con el templo recientemente descubierto en una cueva ubicada al pie del peñón de Gibraltar, en la que se han encontrado miles de objetos votivos datados en el siglo VIII a.C., lo cual reforzó indudablemente dicho apelativo, existiendo también junto al cabo Espartel, en las cercanías de Tánger, otra cueva conocida como la gruta de Hércules, llegándose casi a perder, entre unas cosas y otras, la memoria de que la denominación de Columnas de Hércules se había aplicado con anterioridad a otro lugar.

   • El mismo Herodoto cita en sus escritos como Columnas de Hércules ambos lugares, lo cual por una parte puede crear cierto confusionismo, pero por otra viene a corroborar el hecho de que durante un tiempo, que debió ser relativamente largo, ambos lugares fueron denominados de la misma forma.

   Como ya se ha dicho, en tiempos de Herodoto (484-426 a. C.) y por supuesto también en los de Platón (427-343 a. C.), ya que ambos son prácticamente contemporáneos, existía un cierto confusionismo en cuanto al lugar denominado Columnas de Hércules. No es de extrañar por tanto que Platón pudiera confundir, por desconocimiento, o más bien a propósito, dichos lugares, aprovechando esta coincidencia para sacar la Atlántida del Mediterráneo ya que, al haberla hecho tan grande no cabía dentro del mencionado mar. No obstante, Platón nunca identificó las Columnas de Hércules con el estrecho de Gibraltar, simplemente dijo que la Atlántida estaba al otro lado de dichas columnas.

   De todas formas, lo más importante para Platón no era decirnos dónde estaba la Atlántida, que seguramente no lo sabía, o no le importaba demasiado donde podía estar, sólo quería hacer una crítica de la política de su tiempo y, para hacer dicha crítica, partió de unos datos reales, aunque confusos que guardaba en su memoria, fruto de su viaje a Egipto, los cuales fueron modificados y aplicados a lo que realmente le interesaba.

   Y, ya que estamos hablando de este tema, vamos a referir a continuación algunos datos sobre la fundación de Cádiz (Gadir para los fenicios), recogidos por el sabio Posidonio de labios de sus propios habitantes: “Cierto oráculo mandó a los tirios (los fenicios de Tiro) fundar un establecimiento en las Columnas de Hércules; los enviados para hacer la exploración llegaron hasta el estrecho que hay junto a Calpe (Gibraltar) y creyeron que los promontorios que formaban el estrecho eran los confines de la tierra habitada y el término de las empresas de Hércules; suponiendo entonces que allí estaban las columnas, echaron el ancla en cierto lugar más acá de las Columnas, donde hoy se levanta la ciudad de los sexitanos (Almuñécar). Mas como en este punto de la costa ofreciesen un sacrificio a los dioses y las víctimas no fueron propicias, entonces se volvieron. Tiempo después los enviados atravesaron el estrecho, llegando hasta una isla consagrada a Hércules (Saltés), sita junto a Onuba (Huelva), ciudad de Iberia, y a unos 1.500 estadios fuera del estrecho, sacrificaron de nuevo a los dioses; mas otra vez fueron adversas las víctimas, y regresaron a la Patria. En la tercera expedición fundaron Cádiz y alzaron el santuario en la parte oriental de la isla y la ciudad en la occidental”.

   En cuanto al último párrafo de esta cita, cabe hacer varias interpretaciones, una que esté mal transcrito, otra que existieran dos templos dedicados a Hércules, uno en la isla de Cádiz y otro en la de Sancti Petri, ya que de la existencia de un templo dedicado a Hércules en Sancti Petri no cabe ninguna duda. También puede ser que el templo de la isla de Cádiz no estuviera dedicado a Hércules.

   De todo esto se deduce que los fenicios no iban buscando las Columnas de Hércules, sino más bien un lugar para colocarlas en el templo que pretendían fundar.
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Nota: Cádiz fue fundada, según Veleyo Patérculo, en el año 80 después de la toma de Troya, es decir, en el año 1.104 a.C.


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