Página en Español.
Hermócrates o de las Hespérides.
Hermocrates Timeo Hesperides Platon
Hermócrates, o de las Hespérides.

Dialogo de Hermócrates


Otras páginas del autor

De Gibraltar a la Atlántida
El Rufo en los Porretales
Columnas de Hércules
El istmo de Gibraltar


Contacto correo electronico

Ver.: 2.0

DIÁLOGO DE HERMÓCRATES, O DE LAS HESPÉRIDES

(Diálogo imaginario) Por Paulino Zamarro

De este diálogo, ya previsto por Platón en su inacabada trilogía y que debido a la muerte del maestro nunca llegó a escribirse, no podrá saberse si hubiera añadido más luces o proyectado nuevas sombras sobre la Atlántida, aunque lo cierto es que como nunca se escribió, no podemos saber cuál hubiera sido su contenido. Por este motivo y sin pretender suplantar la personalidad de Platón, vamos a suponer a continuación, a la luz de los recientes descubrimientos relacionados con el tema, que el diálogo de Hermócrates tuvo lugar o, mejor dicho... se está desarrollando actualmente en un lugar indeterminado del Jardín de las Hespérides:

SÓCRATES.- Pues bien, Timeo y Critias: ambos habéis hablado anteriormente y sobre todo tú, Critias, que lo has hecho con relación a nuestra  historia antigua y en vez de haberme aclarado las ideas, lo único que has conseguido es que ahora tenga aún más dudas sobre esa que dices es una historia verdadera y que, aunque no desconfíe de su autenticidad, no logro ubicarla adecuadamente ni en tiempo ni en lugar, por lo que te pido a ti, Hermócrates, que apenas has hablado hasta el momento, expongas tu opinión y nos des una visión positiva con el fin de tratar de esclarecer los hechos, aunque prefiero que hable primero Critias que me está sugiriendo que tiene algo que decir:

CRITIAS.- Te agradezco, querido Sócrates, que me permitas precisar brevemente un punto que considero importante y que no quedó suficientemente claro en mi anterior exposición, dejando a continuación el protagonismo a Hermócrates que tendrá muchas cosas que contarnos y no quiero interferir en su discurso.

Como dije en mi anterior intervención, yo conocía antes que Platón la historia de la Atlántida por habérsela escuchado a mi padre, que a su vez la había oído de labios de su abuelo Solón, aunque Platón la conociera mucho mejor, ya que durante su estancia en Egipto había escuchado el relato directamente de los sacerdotes de la diosa Neit, allí donde se veneraba la tumba de Osiris, que le habían traducido las inscripciones y los papiros que, en aquel tiempo, aún se conservaban en lo que fue el suntuoso templo de Sais.

De todas formas, habían pasado ya más de cuarenta años desde que Platón estuvo en Sais y su memoria, al igual que la mía, flaqueaba al respecto, por lo que se apoyó en mi para rememorar la historia y entre los dos evocamos cuanto sabíamos, con el fin de recomponerla lo más fidedignamente posible, aunque en algunas cosas evidentemente hayamos podido equivocarnos y olvidado otras sin duda interesantes, ya que los escritos de  Solón sobre la Atlántida desaparecieron poco después de que Platón pudiera leerlos y no se ha vuelto a saber de ellos.

Aclarado esto, dejo la palabra a mi querido Hermócrates, que estoy seguro sabrá perdonar mi intromisión y escucharé gustoso su discurso, que sin duda será además de esperado esclarecedor.

SÓCRATES.-  En mucho estimo ¡oh Critias! tus aclaraciones, que por otra parte eran de sobra conocidas por mí y quiero agradecerte tu modestia al admitir que tanto tu memoria como la de Platón hubieran podido flaquear en estos temas. Dicho esto, te pido de nuevo a ti, Hermócrates, que estarás deseoso de contarnos tu anhelada  y renovada versión, que nos deleites con tus palabras.

HERMÓCRATES.- Mucho has tardado, Sócrates, en solicitar que te aclare los conceptos que dejaron un tanto confusos mis anteriores interlocutores y te pido que comprendas los motivos por los que yo mismo tampoco me encontraba predispuesto a continuar el diálogo y profundizar en el tema, puesto que mi mente estaba tan confusa como la de ellos y difícilmente hubiera podido aclararte nada; pero ahora, desde este intemporal momento y con una visión más amplia y clara de los acontecimientos, estoy dispuesto a ofrecerte mi versión y tratar de esclarecer todo aquello a lo que alcance mi entendimiento, pero antes invocaré a Apolo y a nuestra diosa Atenea, de quienes espero obtener la clarividencia necesaria para acometer con éxito tan ardua empresa.

SÓCRATES.- Demasiado tiempo en verdad ha pasado desde que hablamos hace ya dos milenios largos sobre el tema y realmente pensaba que esta conversación nunca tendría lugar, debido a que en el Jardín de las Hespérides nos dedicamos a cosas mucho más atrayentes, fascinantes y placenteras y, los antiguos asuntos de la Tierra no suelen interesarnos; pero prosigue ¡oh Hermócrates!, que éste tema, aunque viejo, aún suscita mi interés.

HERMÓCRATES.- Pues bien, te explicaré en qué consiste el misterio, del que los antiguos, y aún nosotros en nuestra época, solo tuvimos una visión parcial y ese es el motivo por el que no llegaron, ni llegamos a comprenderlo, aparte de que los hechos fueron desfigurados a lo largo del tiempo, hasta el extremo de que no hubieran podido ser reconocidos ni por los que los vivieron directamente.

La Atlántida no se sumergió bajo las aguas, sino que muy al contrario y aunque el efecto final fuera el mismo, fue el mar el que subió repentinamente de nivel absorbiéndola en su seno y eso no se debió a ningún hecho sobrenatural ni a la intervención de los dioses, sino a que allá, donde supuestamente estaban las Columnas de Hércules, existía una barrera natural que separaba lo que hoy llaman en la Tierra océano Atlántico, del mar Mediterráneo y hacía que este último mar estuviera a un nivel mucho más bajo que el del mar exterior,  o mar océana, que es como nosotros lo llamábamos, haciendo que emergieran muchas tierras costeras e islas en el mar interior, entre las cuales se encontraba la Atlántida.

Al romperse esa barrera o  istmo que había junto a las Columnas de Hércules gaditanas, las aguas que retenía tan colosal muro irrumpieron violentamente en el Mediterráneo e hicieron que desapareciera la Atlántida casi de inmediato. Nadie en la mítica isla se dio cuenta de los motivos de aquella inmensa avalancha de agua, pero sí de sus consecuencias y eso fue lo que narraron a sus descendientes los que sobrevivieron en las montañas, aunque mezclado con un halo de leyenda y sin precisar el tiempo en el que ocurrió, ni los motivos que lo hicieron posible, lo primero porque la fecha se fue haciendo cada vez más difusa e imprecisa y lo segundo porque nunca lo supieron.

Más allá, en los confines del inmenso mar interior, donde se desmoronó el colosal muro, los que vivían en sus proximidades sí se dieron cuenta enseguida de lo que ocurría y también lo guardaron en su memoria, aunque sin saber relacionarlo con una Atlántida que no conocían, pero sí con el brusco ascenso del nivel del mar y con la imposibilidad de poder seguir comunicándose con el cercano y ahora inaccesible continente.

Y... aún he de decirte algo más, mi querido Sócrates, y espero que estés de acuerdo conmigo, aunque la certeza no pueda ser absoluta, ya que la causa final de la rotura del puente que mantenía unidas ambas orillas del estrecho, debió ser una gran ola ocasionada por un maremoto, que acabó por destruir su ya precaria estructura y que, de no haber tenido lugar dicho maremoto, el puente aún estaría ahí y la Atlántida no se hubiera sumergido bajo las aguas. Todo ello, contando con el permiso de un segundo maremoto, que tuvo lugar hace como dos centurias y media en el mar exterior, a unos tres mil estadios de las Columnas de Hércules gaditanas, que generó olas de hasta veinte metros de altura y asoló las costas occidentales de Iberia y de la Mauritania Tingitana, cuyas características debieron ser muy parecidas a las de aquel que, hace tanto tiempo, destruyera el istmo de Gibraltar y sumergiera la Atlántida.

SÓCRATES.- Estoy de acuerdo contigo, Hermócrates, asumo que pudo ocurrir así y supongo que de haber aguantado el primer maremoto y las gigantescas olas que ocasionó, también hubiera podido aguantar el segundo, ya que durante el intervalo entre ambos hubiera continuado el proceso de recrecido del istmo, ganando también en extensión al concluir la glaciación, por lo que, con una estructura reforzada, es presumible que hubiera podido aguantar el segundo envite, pero, una vez aclarado esto... explícame ahora, Hermócrates, cómo y por qué, si las Columnas de Hércules dices que estaban en el estrecho de Gibraltar, la Atlántida pudo estar en el Mediterráneo.

HERMÓCRATES.- Te lo explicaré con mucho gusto, puesto que aquí los hombres han tropezado con demasiada frecuencia y no puedo por menos de darte una explicación  que, convendrás conmigo, es totalmente razonable.

Critias dijo, cuando fue su turno de hablar, que la Atlántida estaba al otro lado de las Columnas de Hércules y los hombres confundieron sus palabras creyendo que esas columnas eran las del estrecho de Gibraltar, sacando por ese motivo la Atlántida del Mediterráneo, pero no se dieron cuenta de que el sacerdote egipcio, cuando se refirió a la Atlántida, le estaba diciendo a Platón que, desde el punto de vista egipcio, la Atlántida estaba al otro lado de las Columnas de Hércules peloponésicas, es decir en pleno mar Egeo y no al otro lado de las Columnas de Hércules gaditanas, como erróneamente se empeñan en decir.

SÓCRATES.- Creo que voy comprendiendo un poco, pero aún me queda una gran duda que espero sepas resolverme y es que Critias dijo que la Atlántida era más grande que Asia y Libia juntas y eso no me cuadra con lo que estás exponiendo.

HERMÓCRATES.- Observo que tu memoria, a pesar de que en el Jardín de las Hespérides no se suele perder, no es demasiado buena y tal vez estés influenciado por las malas traducciones que se han hecho del texto griego de Platón, aunque tú, al ser griego, deberías consultar las fuentes originales. Lo que realmente dijo Critias es que la Atlántida era la isla más importante, más poderosa, o más grandiosa que Libia y Asia juntas y eso no tiene nada que ver con el tamaño, ajustándose bastante bien a la verdad, porque la Atlántida en efecto era la isla más importante y más poderosa situada entre Libia y Asia, que es a lo que se refería, aparte de que Critias no sabía, ni podía saber en aquel tiempo, cuando la extensión de un territorio o el perímetro de una isla se medían en pasos, que Creta tenía mayor superficie, ya que el perímetro de la Atlántida, con profundos golfos y costas muy recortadas, posiblemente fuera mayor que el de Creta, aunque evidentemente tampoco se pudiera medir en tiempos de Platón, al estar entonces sumergida bajo las aguas.

Aparte de esto, se hace difícil definir la extensión de un territorio diciendo tan solo que era mayor que otro de por sí indefinido, ya que es sabido como era, más o menos de grande, la  región conocida en la antigüedad como Asia, que se ubicaba al oeste de Anatolia, frente a las costas del mar Egeo, pero: ¿qué extensión tenía Libia, que se definía tan solo por su línea costera? Y esto te lo digo, Sócrates, porque en nuestro tiempo se consideraba que Libia se extendía desde el delta del Nilo hasta la Numidia, es decir hasta el lago Tritón, sin precisar, por inhóspito e improductivo, la profundidad del territorio desértico situado al sur del litoral Mediterráneo.

SÓCRATES.- Observo que estás muy versado en este asunto y por eso seguiré haciéndote algunas preguntas. Tan solo ahora recordarte que fue Proclo, allá por siglo V de la era cristiana, quien provocó el equívoco al traducir “meizon” “por más grande”, cuando debió decir “más poderosa”, ya que esta es la traducción normal que se hace de esta palabra, deduciéndose de ello que la expresión griega:

expresión griega

latinizada como “… e de nesos ama Libues en Kai Asias meizon…” que aparece en el diálogo de Timeo y se tradujo tradicionalmente por: “la isla era más grande que Libia y Asia juntas” debió traducirse por: “… la isla era más poderosa que Libia y Asia juntas…” y aún se podría haber traducido por “… era la isla más poderosa entre Libia y Asia…”, es decir  “… era la isla más poderosa situada entre Libia y Asia…” ya que el adverbio griego “ama” se puede traducir también por ”entre”, con el mismo significado ambiguo que tiene en castellano, es decir, que tanto puede significar juntas como a medio camino entre ambas. Y aún te diré más, ya que el propio término “Asia” con el que lo romanos designaron más tarde a su provincia más occidental en Anatolia, proviene de la palabra asiria o fenicia “Aszu” o “Asu” que significa oriente, identificado en nuestro tiempo por los griegos con la costa oriental del mar Egeo, sin considerar el territorio que había detrás, es decir, que tenía un significado parecido al de “Libia”, carente de extensión territorial, por lo que difícilmente se podría comparar la superficie de un territorio con el litoral de otros y cobra aún mayor cuerpo la interpretación de que pudiera significar a medio camino entre ambas costas.

Pero, volviendo al tema, y a pesar de que tus razonamientos son evidentemente buenos, aún me quedan dudas sobre lo que dijo Critias en su anterior intervención con respecto a las dimensiones de la Atlántida y, aunque me has explicado muchas cosas, sigue sin caberme en el estrecho espacio del mar Egeo donde la estás situando.

HERMÓCRATES.- Tienes razón en lo que dices, las dimensiones de la Atlántida que dio Critias son demasiado grandes para poder ubicarla en el mar Egeo y esa es otra de las razones por la que muchos investigadores han tratado de sacarla fuera de él e incluso del Mediterráneo, pero si recuerdas las cifras de Critias, observarás que los números evidentemente no eran su fuerte, ya que él mismo se contradice una y otra vez. Las dimensiones de la Atlántida eran obviamente mucho más reducidas, como se deduce de lo que tu mismo acabas de exponer en el párrafo anterior, aunque dichas dimensiones eran suficientes para albergar en su seno un imperio rico y poderoso a la escala de su tiempo, como lo fueron mucho más tarde Creta y Micenas, que se extendieron por un territorio semejante.

En cuanto a la llanura oblonga a la que hace referencia Critias, situada en el centro de la isla, con unas dimensiones de tres mil por dos mil estadios, te diré que efectivamente existía dicha llanura y estaba situada en el centro de la isla, pero no tenía esas dimensiones sino otras mucho más razonables, tal como si las cifras que nos da Critias estuvieran multiplicadas por diez y en realidad fueran trescientos por doscientos estadios y... no quiero decir con esto que todas las demás cifras, equivocadas o no, estén afectadas por este factor, como si al traducirlas del papiro egipcio se hubiera confundido el signo cien  por el mil, como han querido ver ciertos investigadores con el fin de que les cuadren las cifras, ya que ambos signos son muy distintos y no se prestan a confusión, aunque hay quien asegura que su pronunciación era semejante y por otra parte, si lo hiciéramos extensivo a todas las cifras que da Critias, deberíamos situar la desaparición de la Atlántida novecientos años antes de Solón, lo cual no tiene ningún sentido, ya que lo que realmente quiso decir Critias, cuando dijo “nueve mil años antes de Solon”, fue “en los tiempos más remotos” como dice literalmente a continuación en otro pasaje, ya que no sabía exactamente cuando tuvo lugar realmente la gran inundación y de sobra sabemos que dicha expresión tenía un significado diferente para personajes tan ilustres como Eratóstenes y Platón, ya que ambos la utilizaron para referirse a acontecimientos simultáneos, es decir, el primero con respecto a la ruptura del istmo de Gibraltar y el segundo a la desaparición de la Atlántida, con la única salvedad de que a Eratóstenes le bastaban algunos cientos de años para alcanzar tan remota edad y Platón precisaba de algunos miles para alcanzar el mismo significado. También había otra llanura, situada al sur de la isla, que se comunicaba fácilmente con la central, dejando en medio dos grandes montañas que se corresponden con las actuales islas de Naxos y Paros.


Signos


Otras cifras pudieran tal vez parecernos más razonables aplicando este factor de reducción, como por ejemplo las referentes a los canales de tierra y agua en torno a la ciudad, aunque a este respecto no te puedo decir cómo eran efectivamente dichos canales, ya que a nosotros nos está vedado saber más de lo que los hombres hayan podido descubrir en la Tierra y ellos aún no han podido determinar cómo eran y ni tan siquiera si realmente existieron, sí eran pequeñas islas costeras en el interior de una bahía, que la mano del hombre hubiera ido uniendo poco a poco, sí era una zona pantanosa en el interior de la isla, que se hubieran ido saneando a lo largo del tiempo mediante la adición de tierra en determinados lugares elegidos al efecto, o quien sabe a que se estaba refiriendo realmente Platón cuando escribió sus diálogos.

Por otra parte, Platón, apoyado en lo que dijeron Critias y Timeo, solo quiso hacer una crítica a la política de su tiempo y para ello utilizó a los dos anteriores protagonistas de los diálogos que componen la trilogía que tenía prevista, exagerando la extensión, el poder y la fuerza de unos atlantes, a los que simplemente había cambiado el nombre, porque en realidad para él los atlantes no eran otros que los persas, que habían tratado de invadir Grecia en la generación anterior.

SÓCRATES.- Pero entonces, volvemos a lo mismo, si los atlantes eran los persas... ¿existieron realmente los atlantes, o eran solo una invención?

HERMÓCRATES.- Aquí está tal vez el quid de la cuestión, que es saber si realmente existieron o no los atlantes, a lo que te digo que sí, que efectivamente los atlantes existieron, pero hay que separar el grano de la paja y dejar solo la leyenda original e interpretarla adecuadamente, eliminando todo aquello que es pura fantasía, está fuera de lugar en el tiempo o solamente conviene a la exposición moralizante de Platón, conviniendo resaltar lo absurdo de que alguien pretenda haber descubierto la Atlántida lejos del Mediterráneo oriental y más concretamente del ámbito territorial griego, cuando Platón solo hizo referencia directa a los griegos, concretamente a los atenienses y que la leyenda fue recogida en Egipto, siendo igual de extraño o más, asociarla con regiones que no estén actualmente sumergidas, ya que la clave del misterio está en la gran inundación que la hizo desaparecer bajo las aguas y la configuración de la Tierra apenas a cambiado desde que se produjo el cataclismo.

A este respecto, resumiendo, te diré únicamente las cosas realmente ciertas de cuanto expusieron Critias y Timeo, aunque pueda haber algo que escape a mi conocimiento, a las que añadiré algunas puntualizaciones de mi propia cosecha. El resto, como te he dicho son solo adornos, exageraciones o cosas que introduce Platón en su discurso según le conviene para el desarrollo de su exposición moralizante, como puede ser situar trirremes en la Atlántida, cuando todo el mundo sabe que las primeras salieron de las atarazanas de Corinto casi cinco mil años después de que desapareciera la Atlántida y de su intervención decisiva en la batalla de Salamina, en la que los persas fueron derrotados por los atenienses. ¿Cómo podía Platón resistirse a que participaran en la batalla estas naves, cuando eran la joya de la flota griega y estaba comparando a los atlantes con los persas? En cuanto a lo que hay de cierto en el relato de Platón, dejando atrás adornos y exposiciones fuera de lugar, es poco más o menos lo siguiente:

La Atlántida fue la civilización más adelantada de su tiempo, aunque tampoco hay que exagerar en cuanto al grado de desarrollo. La Atlántida fue una civilización neolítica, o en todo caso con un incipiente uso de los metales, cuyo conocimiento se perdió como consecuencia de la catástrofe.

La Atlántida ocupaba una isla de unos 5300 km2 situada en el centro del mar Egeo y tenía dependencias en otras islas próximas, Creta y algunas partes del continente euroasiático. Tal vez hubiera podido tener una extensión algo mayor a la referida anteriormente, si el mar hubiera descendido un poco más, pero para ello el clima habría tenido que ser mucho más cálido, extremo que no se dio durante la última glaciación. De todas formas, su extensión real será fácil determinarla con la avanzada tecnología del hombre actual, de modo que pronto podremos saberla, así como la profundidad exacta a la que está sumergida la Atlántida.

La Atlántida desapareció bajo las aguas como consecuencia de la gran inundación que tuvo lugar hacia el año 5500 a.C. Las  pruebas del carbono catorce realizadas en los sedimentos del mar Negro ratifican esta fecha, siendo dicha inundación, provocada por la ruptura del istmo que había en el estrecho de Gibraltar, la que ocasionó la consecuente elevación repentina de las aguas del Mediterráneo.

La civilización minoica y la cicládica son las lógicas herederas y continuadoras de la civilización atlante, aunque tuvo un mayor desarrollo en Creta que en las islas Cícladas, debido de lo reducida y fragmentada que quedó la mítica isla.

La leyenda de la Atlántida fue llevada a Egipto por los jonios, que se habían asentado en las actuales islas Cícladas, que es lo único que quedó de la Atlántida tras la gran inundación, manteniendo los supervivientes de la catástrofe vivo su recuerdo por tradición oral hasta ese momento, aunque con los consabidos cambios que siempre se producen en estos casos.

La leyenda, modificada, exagerada y tergiversada a lo largo del tiempo, fue recogida por Platón durante su estancia en Egipto, aunque, debido a que Solón ya la conoció en su tiempo, pudo tener a través de él un conocimiento previo que le hizo interesarse aún más por ella.

La Atlántida, desde el punto de vista egipcio, estaba situada al otro lado de las Columnas de Hércules peloponésicas, es decir, en pleno mar Egeo y no al otro lado del estrecho de Gibraltar.

La isla, como se dijo anteriormente, no era más grande que Libia y Asia juntas, sino simplemente más poderosa y su ubicación real, a medio camino entre ambas.
De todas formas, dada la velocidad a la que el hombre está haciendo descubrimientos últimamente, tal vez tengamos ocasión de proseguir esta conversación en otro momento con nuevos datos sobre la Atlántida, aunque como has podido observar, Sócrates, los últimos avances han sido espectaculares y espero que nuestra diosa Atenea nos vuelva a reunir con este objeto, sin que tenga que transcurrir tanto tiempo. Entre tanto esperemos que el lago Tritón, allá donde nació nuestra diosa y transcurrió su feliz infancia hasta que tuvo lugar el luctuoso incidente con Palas, vuelva a deleitarnos con la recobrada placidez de sus perdidas y añoradas aguas, recuperando su pasado esplendor, renaciendo y triunfando el verdor de sus orillas sobre la desoladora situación actual y que la diosa propicie, en ese plácido lugar, un próximo y definitivo encuentro, donde concluir felizmente nuestro otra vez interrumpido diálogo.

Atlantida

Estas páginas son personales. Si desean hacerme observaciones o consultas he puesto un e-mail de contacto. Gracias por su visita a esta web.